L’intruso

–Entonces, ¿sabes quién es?
–Sí –respondió el corazón.
–¿Sabes su nombre, su edad, a qué se dedica y todo eso?
–Así es.
–¿Y qué es lo que sabes?
–Que tiene una banda, que es como un influencer o algo así.
–¿Cómo te enteraste?
–A veces ella es muy obvia.
–¿Y qué piensas al respecto?
–Me da celos.
–¿Qué más?
–Me estás presionando.
–Lo siento –dijo la razón mientras miraba desafiante, como alentando la tristeza.

–Me gustaría saber cómo así lo conoce.
–Dijo que es un amigo suyo desde hace varios años.
–¿Amigo?
–Así es.
–No parece.
–¿Y qué parece?
–Sabes bien lo que parece.
–Explícate.
–Es alguien especial para ella.
–¿Cómo sabes eso?
–Lo sé porque tú lo sabes.
–Puede que solo sea un amigo y ya.
–Pero no lo es.
–¿Entonces?
–Pienso que es alguien que no puede sacar de su vida.
–Tienes razón en algo, no en todo, pero en algo –la razón se inclinó hacia atrás, acomodándose con desdén.

–No me tortures, si sabes algo deberías decírmelo.
–Aunque te lo explicara, no lo entenderías.
–¿Por qué quieres hacerlo más complicado?
–No lo estoy complicando.
–¿Y prefieres que siga haciéndome ideas antes que aclarar las cosas?
–Prefiero que confíes en mí.
–¿Cómo hacerlo después de todo lo que vi?
–¿Exactamente qué fue lo que viste?
–Que aún le escribe, la busca y la extraña.
–¿Y tú crees que ella le haría caso?
–Espero que no, pero sé que es así.
–¿Por qué lo dices? –Los ojos de la razón dieron una señal de temor.
–Porque presiento que aún la ama.
–Eso no tiene nada que ver, no es importante.
–Sí lo es.
–Claro que no, él puede hacer lo que quiera sin ser correspondido.
–El problema es que ahí es donde nace mi duda.
–¿Y qué duda es esa?
–¿Qué tal si es lo que ella quiere? ¿Qué tal si es correspondido?
–Lo dudo mucho.
–Es difícil saberlo, aunque sé que tú sabes algo –corazón volvió a encender un cigarrillo.

Luego de un silencio incómodo, la razón tomó la palabra.

–¿Sobre qué es todo esto?
–Aún no estoy seguro.
–¿Y cómo pretendes demostrarlo?
–No quiero demostrarlo, solo quiero saberlo.
–¿Por qué?
–Porque ya no puedo amar sin sentir que me duele y tampoco puedo sentir el dolor sin amar.
No tienes ni la más mínima idea de lo difícil que es ser o no ser algo que se tambalea. Desde que ella se fue, ya no puedo dormir en mentiras ni despertar ileso con lo que arde la verdad.
–Entonces no lo hagas –ahora la razón se había volteado, como ignorando la tristeza.
–Prometo que ya no lo haré, pero antes quiero que me quites esta duda.
–¿Qué quieres que te diga?
–Todo lo que sepas sobre él.
–Está bien. Sé que estuvieron juntos, no sé hace cuánto. Sé que ella aún siente algo por él, no sé exactamente qué. Y sé que volverán, no sé por qué, pero así es.
–¿Y cómo sabías todo eso?
–Ella me lo dijo.
–¿Y por qué solo a ti?
–Porque, querido amigo, cada vez que ella aparece, solo la admiras sin escuchar.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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