Luciana

Mira, pequeña, la luz,
toda esa luz
entrando por la ventana;

mira la calma de un librero hechizado,
las plantas de mi madre
y el amor…

todo ese amor
acurrucándose entre sábanas.

Mira, princesa, nuestro cielo
soñando tornasol,
bostezando hasta las lágrimas.

Mira, Luciana, todo ese amor…
amor
como cada catorce de febrero,
como una respuesta divina,
como paraíso y dulces frutillitas.

Mira, vida de mi Vida, los abrazos,
los besos en las manos,
las mejillas sonrojadas
y un berrinche…

ese berrinche
que se llora
desde el corazón.

Publicado por

Rodrigo Ampuero Oróz

Cusqueño, bachiller en turismo, fotógrafo de momentos y escritor amateur. Me gusta relatar historias.

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